viernes, 26 de octubre de 2007

Cuando llega noviembre

Ahora que llega noviembre con la memoria de los que no están a la vuelta de la esquina y el soplo de otoño desnudando los árboles, es tiempo de bajar al camposanto al Jesús de Luz y Vida.


Nuestro Jesús zamorano, siempre en pie, siempre caminando, siempre bendiciendo con las manos abiertas al mundo. A los vivos y a los muertos. A los que creyeron y nos dejaron en prenda a través de los siglos la conmemoración del misterio de la Pasión y la alegría de la Resurrección cuando llega la primavera. Zamoranos y no zamoranos, cofrades y no cofrades, penitentes en las aceras, devoradores de lunas y madrugadas, cirineos todos abrazados a la misma Cruz.


Lo llevaremos mañana desde la Catedral a la pequeña capilla del cementerio. Sin ceremonias ni boatos, sin procesiones ni comitivas solemnes, sin anunciarlo, llevándolo a pulso, casi acunándolo como quien lleva un tesoro para depositarlo en su peana de San Atilano en estos días de crisantemos, cirios y buñuelos. Tras los mismos muros donde rezamos en la noche del Sábado de Pasión cuando pasamos el Duero y lo llevamos sobre nuestros hombros para que sea consuelo de todos los que duermen.


Yo os animo a que recorráis la corta distancia que nos separa y vengáis a rezarle hasta nuestro cementerio. Porque allí cobra su significado primero el recuerdo a quienes nos legaron la Semana de Pasión; porque allí es caricia y bendición, al pie de los cipreses y las sepulturas, erguido como una bandera de la esperanza en ese terruño empapado de lágrimas y ausencias, en ese jardín de dolor y silencios donde florece la memoria de los que nos faltan. Mirando también a la Salamanca santa que reposa al abrigo de la tierra, si todos somos tierra vuelta a la tierra, si a todos nos enseñaron de una u otra forma a caminar con El.


Y aunque no sea Sábado de Pasión, mañana volveremos a sentir la misma emoción cuando lo tengamos en brazos bebiendo su mirada serena, cuando acariciamos sus dedos de madera tibios como la carne, cuando besemos su pie desnudo antes de dejarlo junto a los que queremos, que empiezan a ser muchos a medida que pasan los años.


A mí me gusta verlo allí; me gusta saberlo cerca de los míos, me mueve y me emociona cuando lo tenemos en San Atilano. Porque es la sonrisa que encontramos en la tristeza que pregona noviembre. Porque nos redacta fuera del tiempo de la Pasión nuevos escritos, nuevas procesiones en la sangre y en la piel.


Porque llena de luz y de vida los rincones oscuros donde intenta posarse la muerte.

Ana.

lunes, 8 de octubre de 2007

Rosario

El calendario y su santoral marcaban ayer la festividad de Nuestra Señora del Rosario. Para muchos situar esta fecha en el calendario cofrade en los últimos años en Salamanca es fruto del ímpetu de un grupo de personas que en los últimos tiempos ha trabajado en torno a esta devoción.

Vaya por delante que siempre me parecieron interesantes todo tipo de propuestas que por un motivo u otro hagan que la gente se aproxime a los templos y más concretamente a actividades de este tipo asociadas a las cofradías fuera de los días de Semana Santa. Y si esta actividad tiene como fin el culto a la Virgen y es atractivo para la gente más joven de ciertas cofradías, mejor imposible. Igualmente he de decir que cada persona es libre de tener sus propias devociones e inquietudes, y en mi caso no tenía marcada esta fecha como especial.

Recuerdo vagamente cómo hace años había quien me animaba a bajar a San Esteban para compartir este día, con su correspondiente misa y procesión claustral. Para los poco introducidos en la materia asociábamos San Esteban + procesión = Dominicana, y así siempre lo tuve pensado. Nunca bajé a comprobarlo. No me pareció correcto participar en un acto que consideraba íntimo para echar una mano bajo unas andas de plata como me solicitaban si no tenía un especial sentimiento hacia lo que llevaría encima. Y digo íntimo porque en aquella época la participación era tan minoritaria que se pedía a gente como yo su colaboración.

Los años fueron pasando, y cada año intentaba apuntar la fecha en la agenda, pero siempre veía en los periódicos del día siguiente que otra vez se me volvía a olvidar. Sólo en una ocasión tuve la oportunidad de ver salir la procesión y la verdad es que no recuerdo el estilo procesional del paso. Lo único que sentí fue envidia sana al ver un acto de una cofradía en pleno mes de octubre. Así, hasta que el año pasado gracias al foro de Semana Santa de una web que muchos frecuentamos me animé a acercarme a ver la procesión. Este año sólo un día he podido visitar San Esteban durante la celebración de la novena y mientras escribo estas líneas desconozco si el resultado final ha sido satisfactorio para organizadores y devotos. Espero que a pesar de no salir finalmente la procesión pero coincidir en domingo haya sido satisfactorio. Dejando aparte el revuelto que organizamos por el debate de diferentes estilos de procesionar, pienso que toca la hora de buscar alternativas, obtener soluciones y poner todas las cartas encima de la mesa.

De antemano, si estos debates han servido para que muchos fijen la fecha en el calendario y sobre todo ha sido el detonante para abrir nuestras mentes y conocernos cara a cara, apuntaremos el mérito y agradecimiento a Nuestra Señora del Rosario.

En primer lugar sería deseable que quedase claro para el público general quiénes son los organizadores de dichos actos, pues no parece saberse bien dónde empieza la cofradía del Rosario, hasta dónde llega la implicación de la Dominicana o si realmente son los Padres Dominicos los responsables. Si existe la cofradía del Rosario como tal y no sólo de palabra e historia, o cuenta con estatutos y miembros activos, deberían ser ellos los que pudieran decidir sobre el desfile. Aquí está mi mensaje central: que sea la cofradía quien decida su camino y a los demás nos podrá gustar en mayor o menor medida, pero no seremos quién para juzgarla. Así no existiría en la calle la sensación de ser un banco de pruebas de los sectores más andaluces de la Dominicana ni que sirva esta procesión para calmar las ansias procesionales a toda costa de algunos, sin saber el valor de lo que se lleva encima.

Por otra parte sí que parece necesario no empezar la casa por el tejado. Canalicemos todo ese esfuerzo que han estado desarrollando un grupo de gente y que parece que principalmente son jóvenes para publicitar correctamente los actos que se hagan en torno a este día, hacer partícipe a cuanta más gente mejor a esta devoción y a partir de aquí, adornar la procesión como más le guste a los implicados.

Por último y nunca está de más decirlo, espero que nadie se sienta ofendido por mis palabras en un tema que hacemos polémico sin merecerlo. Sólo espero que ayer fuese día de fiesta para muchos, porque además los lectores que participamos en blogs y foros de Semana Santa han dejado clara su devoción y hoy no han tenido nada que demostrar a nadie. Los que hoy se hayan sentido decepcionados por no tener su desfile esperado, tal vez puedan ver en esto un aliciente para seguir adelante en su trabajo, y si alguien a pesar de todo ha estado ausente de persona y pensamiento, tal vez debería replantearse si merece la pena su presencia en un acto que puede que ni sepa, ni quiera ver la verdadera importancia del mismo o lo que es peor, ni se lo sepan o quieran hacer ver.


Un saludo,

Roberto

miércoles, 3 de octubre de 2007

Francisco

Siempre imaginé a Francisco paseando por su Campo y aprobando el barullo cofradiero, medio desnudo con su sayal pardo y su cuerda pobre, bebiendo la sabiduría en la fuente de la Cruz, más torrencial que cualquier otra. Lo imaginaré así, lo pienso de esta manera, porque tengo para mí que Francisco nos dio la clave y nos da la vez. Aparcó cruzadas de caballero andante y cristiandad para anunciar la Paz de Cristo a la humanidad toda. Eligió ser juglar divino por plazas y caminos antes que trovador de palacios y príncipes, y anunció en lengua romance y en horas de leprosería la Palabra de Dios hecha vida a los hombres y mujeres de su tiempo y de la Historia. Tomó la humildad por bandera porque supo ver a Jesús en el pobre, y se identificó con él, y ya no entendió otra forma de seguirle que imitarle. Descubrió que a Dios no se asciende, que se le distingue descendiendo y abajándose hasta el extremo de abrazar su humanidad crucificada.

Todo un reto el seguimiento de Jesús que escogió Francisco, el poverello de Asís, quien se sintió plenamente hijo del Padre y a todas sus criaturas amó como hermanas. En el ideal de fraternidad de Francisco se miran las cofradías, entre la utopía y la tarea, pues aunque sea imperfecta la fraternidad que construyamos los hombres, perfecto es asumir su construcción cada día. Con esto es suficiente. Lo demás lo pone la Providencia. Y para hacer hermandad, primero es necesario sabernos hermanos, uno con uno, uno con otro, en el ir de dos en dos, antes de que nos perdamos en el anonimato de las masas. No importa cuántos seamos. Importa que todos podamos ser, que nadie se sienta excluido. Es el todos por igual de los hermanos menores, que hermano mayor ya es el Señor y se hizo último y pequeño. Es prescindir de fama y presunción, ejercer la autoridad con sencillez, hacer apostolado con palabras y obras, que todos podemos... y obedecer, como diría Francisco: "Nunca contra la voluntad de los obispos, ni siquiera contra la de los oscuros párrocos de aldea, por ignorantes que fuesen". Porque en el gobierno de la Iglesia hace su voluntad el Espíritu Santo y en quién si no vamos a confiar...

Seguiré pensando que Francisco, cuando pasea por su Campo de verde y piedra, aguarda con alegría, siempre alegre, la llegada de los cofrades con sus Cristos pobres y ciertos sobre los hombros. Se asomará a la tapia de Berrueta para invitarnos a volver a los orígenes, a la hoja de ruta del Evangelio que a él le hizo feliz. Nos hablará del culto en espíritu y en verdad, de la caridad más allá de la retórica, de la esperanza en el hombre porque es criatura a imagen de Dios. Nos hablará, pero sobre todo nos escuchará, y se pondrá de nuestro lado, porque somos de la casa y siempre tuvimos inquietudes. Dirá que le vamos a dar muchas alegrías. Yo no lo dudo.

Feliz 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, decano de los hermanos cofrades, que tiene un Campo donde bajar a Cristo de la Cruz equivale a bajarnos todos hasta descubrirle, donde la belleza irrumpe con particular esplendor en los días de la Pascua. Paz y Bien.

Tomás

jueves, 27 de septiembre de 2007

Las costureras de la Virgen

(Para Mari. Para Estela)

Parecía una muñequita estrenando sus galas de luto y oro al pie del Doctrinos en el día de la Cruz. Con su manto nuevo y esa cara que se nos pone a las mujeres cuando nos echamos por encima una prenda por primera vez y nos sentimos guapas. Enmarcada en cientos, miles de abalorios formando una puntilla con reflejos de azabache y de cristal, con el suave rastro del terciopelo sobre la piel y la caricia de miles de puntadas en hilo dorado iluminando su rostro de sonrisa amorosa y doliente.


En las vísperas de la fiesta de septiembre, al caer la noche, la vistieron las mujeres como a una novia de puertas hacia adentro. Despacito, con mimo y ceremonial en las manos, como si fuesen las ropas porcelana a punto de quebrarse. Dibujando blondas de encaje en el óvalo de la cara como si las meciese el aire igual que el Lunes Santo cuando sigue por las calles a su Hijo mientras va redondeando la luna de la primavera. Aliviando el negro de su alma con mantilla blanca como un pañuelo en el que verter todas las lágrimas del mundo. Cubriéndola de luto y hermosura como si fuese Viernes y estuviese en el monte de las calaveras esperando que volviese a sus entrañas el hijo de sus entrañas.

La Virgen estrenaba manto. Atrás quedaban las horas de ciencia y paciencia, la soledad del bastidor, el amor escrito con hilo, aguja y dedal. Las imagino bordando, codo con codo, madre e hija, sangre por sangre, en silencio, con una invisible cinta azul ciñéndoles los latidos; con la sonrisa que otorga la satisfacción de saberse costureras de la Madre de Dios. Sin talleres de renombre, sin presupuestos, sin estridencias, sin anunciarse. Dibujando en cordones de oro la cultura secular de estos pueblos nuestros que de siempre cubrieron a sus mujeres de terciopelos, sedas, lentejuelas, oro y azabaches en los días de ceremonia y solemnidad. Echándole horas a fondo perdido y dejándose la vista en cada puntada porque querían poner guapa a su Virgen y mostrársela así al pueblo que ese día acudía a besar los pies del Santo Cristo que duerme y sonríe.

Supongo que ellas no querrán ver sus nombres en negrita, pero no me resisto a dedicarles esta entrada desde la admiración hacia su artesanía del alma. Porque ellas son el eslabón de todas aquellas costureras de lo divino cuyos nombres nunca sabremos. Y aunque con el paso del tiempo hayamos hecho de lo suntuoso la norma, yo me quedo con el auténtico tesoro que suponen esos mantos, más allá de los oropeles y las filigranas: la oración de cada hebra, el incalculable entramado de amor que sus manos han dibujado para arropar el dolor de la Madre por las calles.

Gracias a las dos.

Ana.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Exaltación de la Cruz

El próximo día 14 de septiembre el calendario nos marca la fecha: es la festividad de la Exaltación de la Cruz. La cofradía de la Vera Cruz en los últimos tiempos señala este día en su particular calendario cofrade como razón de ser, no sólo para recordar nuestra vinculación con el Santo Madero, sino convirtiéndolo en la excusa idónea para reunirnos en torno a ella cuando estamos tan alejados de Cuaresma y de Semana Santa.

Así, tendremos la oportunidad de convivir en nuestra capilla, que ya es la de todos, durante tres días. Estamos ante el triduo de la Cruz. Cruz que se hace especialmente presente en nuestra casa dorada con El, el Sto Cristo de los Doctrinos, como símbolo para nosotros, prestando la mejor imagen a esta fecha. Y junto a El, como lo hace el Viernes Santo en procesión formando el paso de “El Calvario” compartirán protagonismo San Juan y la Virgen de la Amargura. Tres personajes para tres días.

El miércoles 12 la homilía estará especialmente dedicada a San Juan y, por consiguiente, a la juventud. Contaremos con la participación de los grupos jóvenes de cada una de las cofradías de nuestra ciudad, que han sido invitados a tal efecto y con nuestros anfitriones internautas, pues la Asociación Juvenil Cofrade de Salamanca merece que la madre y maestra de las cofradías charras actúe con ellos como tal. Y todos volveremos a ser un poco niños, como tantas veces quiero pensar, e iremos con nuestra camiseta de SOMOS AZULES siguiendo las ocurrencias y petición de nuestro presidente en un simpático detalle infantil, que a buen seguro nos unirá. Ojalá sepamos transmitir a nuestros jóvenes (yo cada vez me siento más viejo) nuestras creencias y tradiciones y que ellos hereden más pronto que tarde un lugar importante en nuestras cofradías para que traigan aire fresco.

El jueves 13 la cofradía se cerrará en sí misma, como le gusta a nuestra Madre de Lunes Santo, pues nuestra Amargura será fiel a su estilo. Tampoco voy a hablar de Ella, pues esta virgencita merece una entrada en este blog aparte. Este día, como cada vez que sale en procesión, no quiere estar sola, por lo que la misa servirá para recordar a nuestra hermana Teresa. Tampoco soy la persona adecuada para recordarla, pero a buen seguro se hará presente entre nosotros y sus hermanas de carga, las mismas que la acompañaron hasta el último momento y que incluso tuvieron el honor de despedirla portándola con el manto de la Virgen de la Alegría de la que tantos años fue jefa de paso.

Y el viernes 14 es la fecha. Durante ese día nuestra casa estará abierta a todo aquel que quiera visitarla para honrar al Cristo de los Doctrinos en su besa pies. Poco os puedo decir de mi Cristo. Poco os puedo decir de nuestro Cristo. Es la mejor cruz para este día. Es la mejor cruz para exaltar. Y quién mejor para hacerlo que nuestra Ana. Sin apellidos ni denominaciones de origen. El otro día una voz respetable nos dijo “menudos fichajes estáis haciendo últimamente”. Supongo que ella no se sentirá aludida. Y nosotros la aceptamos como tal. O tal vez los fichajes seamos nosotros, quién sabe. Sólo sé que el mismo día que la conocimos, Tomás y yo no tuvimos más remedio que pedirle que alguna vez nos echara una mano en algún acto e inmediatamente pensamos en éste. Ese alguna vez sonaba lejano, pero los días fueron pasando, meses intensos en que la descubrimos y ahora es una más. Milagros de Internet. Cuando se lo pedimos “oficialmente” no lo hicimos por su currículo (¡vaya si lo podíamos haber hecho!), si no que se lo pedimos a nuestra hermana como forma de darle la bienvenida. Se lo pedimos a una de los nuestros.

No quiero recurrir al famoso pasteleo interblogs que compartimos entre todos porque además tampoco sabría que decir. Supongo que tras el Triduo alguno de vosotros tendrá la capacidad suficiente para hacerlo mucho mejor yo. Sólo me he querido adelantar para hacer constar simplemente eso: que no tendría palabras.

Y como guinda a este pastel, el acto será presentado por otro de los nuestros. Lo hará Antonio desde el otro lado del charco. Era nuestra manera de hacerlo presente. A buen seguro la voz de Ana cruzará el Atlántico y sonará como el mejor canto. Y como buen “maestro de voz” que es, utilizará la mía para hacerse oír. Mientras escribo estas líneas recibo un mail con remite de Indiana con su texto. Casi mejor lo leo directamente en el atril y así me hace la misma ilusión que a vosotros. Unos escriben, otros recitan, otros leen: trabajo en equipo. Para mí será la primera vez que hable en voz alta en la capilla. Tantas y tantas horas de oración y trabajo que he pasado allí y mi estreno será en voz de “otro” para dar paso a “una”. Me encanta que sea así. Perfecto. ¿Exceso de modestia? Para nada, más bien estilo Vera Cruz: que cada uno aporte su granito de arena.

Simplemente GRACIAS de antemano por todo, Ana.

Roberto.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Postal desde el verano

Queridos una y uno, Paz y Bien,

no es que haya pasado el verano en Cádiz (¡hubiese avisado!), pero se me ocurrió que las buenas gentes de Correos aceptarían de puro antiguo y simpático este sello sin franqueo, y casi hasta desdentado. Sé que estas líneas han llegado a buen puerto, a eterna bahía.

Os digo queridos a vosotros como sé que vosotros y yo decimos queridos, nuevamente, a quienes han vuelto. Porque hemos vuelto. Nunca nos fuimos del todo. Siempre estuvimos ahí, o aquí, o sabe Dios dónde, pero estuvimos.

Ahora todos los párrafos me suenan a castillos, en el aire o con firmes cimientos, pero castillos de esos que ya no se edifican al fin y al cabo. Yo prefiero pensar en fábricas de sueños, en casas con la puerta siempre de par en par y en templos abiertos desde donde sale el sol hasta el ocaso, y más allá. Prefiero soñar con el humo de los sueños y cruzar los umbrales de los hogares amigos. Y pensar que las causas perdidas son primero causas, razones y corazones con mucho que decir que hace tiempo pidieron la palabra. Y quiero leer más "de pequeños" para buscar las claves de mañana en aquel ayer que es siempre hoy. Y seguir creyendo que las postales llegan allí donde las están esperando, porque la fe, cuando se asoma al agua de una playa limpia o de un torrente serrano, ve la esperanza, sin más. Y entonces el amor hace fiesta en honor de sus hermanas.

Tomás

jueves, 19 de julio de 2007

Causas perdidas

Siempre me atrajo lo diferente, lo curioso, lo extraño, lo perdido, lo imposible.... Me encantan aquellos que defienden sus ideales sin imponerlos. Me llevan a seguirles. Los que sienten y comparten sus argumentos sin venderlos. Les doy la razón de antemano. Los que luchan por lo que creen aunque nadie les crea. Me gustaría imitarles. Los que conocen sus límites y los superan día a día. Me motivan a empujarles. Los que celebran sus victorias en silencio y lloran sus derrotas ante los ojos de todos. Me pondría en ambos casos a su lado. Los que se sienten pequeños cuando el mundo les viene grande. Les abrazo, sin más. Los que detestan el conformismo y lo sustituyen por ilusión y superación. Me obligan a quererles.

Nunca me llamaron la atención las mayorías, y menos los “porque sí”. Siempre me sentí próximo a las minorías, y más a las conocedoras de su derrota a pesar de tener las mejores y más nobles causas. Odio la inercia y el que todo se haga porque siempre se hizo igual. No me identifico con los revolucionarios que resuelven las cosas a su antojo. Tampoco con quienes se hacen pasar por abuelos para contarnos mil batallas. Ni con los que se piensan insustituibles o más que nadie por llevar más tiempo aquí. Detesto ver en misa entonar el “por mi culpa” de golpe en pecho y que luego no te miren a los ojos para dar la paz. Dudo de las noticias que llegan por cauces oficiales y verificaré siempre los mentideros, aunque me ría de ellos, aunque se rían de mí. No mataré nunca al mensajero, aunque una colleja a veces le sentase bien. Haré oídos sordos cuando lo estime oportuno sin dar nunca explicaciones a nadie. Volveré a explicar lo inteligible para que vuelva a quedar claro.

Nunca me gustaron las películas facilonas con final feliz y menos si salía una bandera con barras y estrellas salvando al mundo. Si volviera a nacer, sería colchonero, sin duda. Si cantara, supongo que sería cantautor de voz rota con mil historias tristes que contar. Si soñase, me tomaría mi tiempo para estirar las noches y levantar fábricas de techos transparentes. Y que dominen países exóticos los medalleros del mundo, por favor. Siempre me gustaron más las hamburguesas de casa o del bar de la esquina porque no empezaban por Mc. Los zapatos planos antes que los de tacón. Creo que los electrodomésticos del bazar de mi calle funcionan mejor que los del centro comercial. Aunque mi voto sirviese de algo, tampoco votaría a uno ni al otro lado; son todos iguales.

Quienes piensen que me he confundido de blog y no hablo de Semana Santa, por favor, que dejen de leer aquí. Quienes crean que intento fundar una religión o una corriente filosófica y pretendan seguirme, que también se vayan. Quienes se hayan identificado con algo, que además de leer me corrijan y de paso dejen aquí sus porqués. Esta entrada va sin fotos. No hay ningún Cristo o Virgen que nos acompañen. Las fechas aconsejan dejarlos en capilla. Si alguien los necesita, que acuda a verlos allí. La Semana Santa es eso: una semana, siete días que hacemos santos. Y punto. Lo demás somos nosotros, es el mundo imaginario que nos creamos, que soñamos porque lo necesitamos para vivir; quizá porque sea más real que el día a día que tenemos establecido. Y dar más vueltas sobre lo mismo puede ser dañino para la salud. Casi será mejor hibernar en verano. Cerrar el chiringuito para cargar las pilas y volver más fuertes y comprometidos.

Pero hoy tengo la sensación de no sentirme solo, de que vuestros “De pequeños…” me han servido para ver que somos iguales. Me sigo sintiendo un poco extraño, en cierta medida un bicho raro en este mundo, al igual que vosotros. ¿Qué hacemos aquí? Cualquier persona ajena al mundo de las cofradías nunca nos entenderá, y me da la sensación de que otros sectores de la misma Iglesia tampoco. El “fraternal despelleje en Cristo” del vecino turista hace reflexionar si no estaremos en tierra de nadie. Nos da igual, nuestra isla no precisa de medicinas para curarnos, no las necesitamos. Llegará un día en que un buen doctor en ciencias sabrá descifrarme el genoma humano. Intuyo dónde estará situada la pasión cofrade, qué cromosoma compartirá. Alguno se asustará, pero este sentimiento va asociado a otros rasgos que sólo la ciencia sabrá explicar pero nunca entender porque van parejos. (“Frikis del mundo, uníos” que diría el otro). No sé si estamos jugando, o apostando por algo con pinta de derrota asegurada, pero da igual. La causa lo justifica. El futuro además es nuestro, verdad? O tal vez no seamos conscientes de que esto se desmorona y nos aferremos en levantar esa pequeña isla en la que estamos seguros. Y se desmorona o permanece a salvo por nosotros, lo llevamos escrito en la piel. Aún así, pienso que merece la pena, no?

Siempre admiraré a los batalladores que se pongan frente a cualquier causa que salga de su corazón. Me ocurre con mis otros dos cuando son más papistas que el papa; cuando se empeñan en hacer oídos sordos a sus cocos privilegiados y siguen los dictados de su corazón. Cuando dejan de razonar. Me encanta Tomás cuando ve al alto clero de nuestro lado. Me encanta ver a Ana poniendo sus espaditas en la calle. También lo hacen quienes día a día cogen un trozo de madera humilde e idean el mejor de los tronos para el mejor de sus dioses. O aquellos que nos prestan sus ojos detrás de la cámara: el que en Salamanca sigue llamando por teléfono con la misma ilusión de cuaresma o el que desde Zamora se asoma a mi ventana vía internet buscando buenas nuevas. O el que habita en dos hogares, aunque uno sea trasatlántico. Y los que rezan aquí y allí, haciendo verdad que Salamora existe; el que busca carrera universitaria sin prisa pero sin pausa, el que trabaja en verano para poder hacerse presente en cuaresma, el que oposita a dos contra casi mil… y los que me dejo soñando en el tintero.

No somos tan pocos. Al final no vamos a ser minoría; a ver si no vamos a perder, incluso nuestras causas perdidas. De todas formas, yo me apunto a arriesgarme con ellos. Si alguien quiere apostar, que lo haga por nuestra derrota. Da igual. También llevamos en nuestros rasgos esta rareza.


Roberto