martes, 18 de diciembre de 2007

Vita, dulcedo, et spes nostra Salve!

La Esperanza es la hermana pequeña, la que vive en uno sin exigir razones a la Fe, sin demandar obras al Amor. Es el ancla de los adentros, de los océanos más procelosos que son las batallas interiores: las dudas, los miedos, los vértigos. La Esperanza es la Virgen del Fiat: "Hágase en mí según tu palabra". Santa María del Adviento, de la corona de luces tímidas y pobres, que aún no se atreven a hacer fiesta. Santa María de la Expectación, de la Vida en el seno materno, de la Vida sedienta de Luz que no puede quedar ciega. Santa María de la O, de la Dulzura en los himnos de gratitud que entona el corazón asombrado ante el Misterio. Santa María: Vida, Dulzura y Esperanza nuestra.

Tomás, con otros dos que esperan


Foto: Virgen de la Esperanza de Peñaranda de Bracamonte, obra de Francisco González Macías (anteriormente fue procesionada en Salamanca por la Hermandad Dominicana).

jueves, 29 de noviembre de 2007

La Virgen sueña caminos

La Virgen sueña caminos, está a la espera. La Virgen sabe que el Niño está muy cerca. Hoy comienzan en pueblos y ciudades, en casas y corazones, los novenarios a la Virgen Inmaculada, la mujer vestida de sol, con la luna por pedestal y coronada de doce estrellas, que es la mujer fuerte del Evangelio y de la Historia. De Nazaret a Belén hay una senda, por ella van los que creen en las promesas. Aunque hasta el domingo no comencemos el tiempo de Adviento, ya parece que María se pone en camino por esa senda de invierno e incertidumbres que a todos nos toca recorrer, con puntos y seguidos, con ánimos encrespados, con uniones ficticias y discrepancias molestas. En estos días del año el pueblo espera que venga pronto el Mesías a nuestra tierra. ¡Pronto, pronto! Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que se enfríe la estancia, que está quemándose mi último leño en el hogar, y se oscurezca sin remedio. En la ciudad de Belén llama a las puertas, pregunta en las posadas y no hay respuesta. Hay silencio administrativo, hay corazones de piedra, y entonces la Virgen sueña faroles que le alumbren sus desvelos, sueña cofradías y procesiones, y hasta exposiciones que la hagan flotar sobre los andamios o asfixiarse en un ascensor. La tarde ya lo sospecha, está alerta, el Sol le dice a la Luna que no se duerma. Porque la noche es la noche, es el campo de los sueños y el cielo abierto de los caminos, de los azules oscuros, de los blancos más blancos. A la ciudad de Belén vendrá una estrella, vendrá con todo el que quiera cruzar fronteras. Sin miedos, sin rutinas, sin deslumbramientos innecesarios ni cultos superfluos. Siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Se hizo pesebre y heno, para que a sus pies pusieran oro, incienso y mirra. Para que los tronos no se confundan. Los que soñáis y esperáis la Buena Nueva, abrid las puertas al Niño que está muy cerca. Nos lo trae la Inmaculada, la de los avemarías de diciembre, la de las salves populares, la del día de la Madre cuando no importaba si coincidía demasiado cerca de Navidad: claro, ¿cuándo mejor sino ahora para que, vestida de Sol, nos creamos que llega el Sol mismo? Nos lo trae la Virgen de los votos, de los dogmas que el pueblo entiende mejor porque la Madre es la Madre, de las túnicas blancas y las capas azules como su manto estrellado de sueños. El Señor cerca está, Él viene con la paz. El Señor cerca está, Él trae la verdad.
Tomás

domingo, 18 de noviembre de 2007

Punto y seguido

Este fin de semana quería escribir algo para el blog. Material tenía más que de sobra. Tengo a punto de rematar una entrada preciosa sobre la procesión del Lunes Santo con muy buena pinta. También tengo otra que hablaba sobre la capilla de la Vera Cruz como de nuestra casa, y otra más sobre las medallas que nos llenan de felicidad, y no hablo precisamente de la concedida hará casi un año. Si quisiera, podría aprovechar la actualidad y tirar de temas recurrentes: ultimos actos azules, junta de cofradías, presentación del cartel, nueva borriquilla, y si me apuro del Santo Entierro o hasta del Museo. Para otro día tenía previsto algo sobre el V Centenario (hace justo un año que estuvimos en La Alberca, ¿te acuerdas, Tomás?). También tengo una entrada que me escribió Jesús, el presi, con su particular visión “De pequeño…” pero nunca encuentro el momento exacto de colgarlo. Incluso pretendía continuar la serie narrando mis vivencias no ya de pequeño, si no de cuando entré a formar parte de la cofradía y mis primeras procesiones. Pero no ha tocado nada de eso. Seguiré siendo fiel a mis causas perdidas y volveré a dejar las cosas a medias…

Estaba haciendo la última corrección a una entrada que titulaba “Querida Lolita” y en la que a modo de epístola le contaba a nuestra Virgen como nos iban las cosas, como hemos cambiado en este tiempo y como nos vamos haciendo mayores. Y he descubierto que ya no tengo nada más que decir. Simplemente puedo cambiar las palabras o incluso alargar los silencios, pero lo que soy y lo que pienso ha quedado claro y no quiero repetirme más, por lo que aprovechando una frase de la actualidad, ha llegado el momento de poner un “cese temporal” a mis comentarios internautas. De repente me ha dado por envidiar a los cofrades de cuaresma que tanto criticamos y de los cuales anhelamos su participación todo el año, que cosas. No sé si esta nueva tarea será más fácil de alcanzar o si realmente estaré capacitado para conseguirla.

Ahora mismo lo más cercano que están mis pensamientos de los ordenadores y cofradías es adornando la entrada de algún templo de cualquier ciudad que quede a tiro de un camión blanco que un día tuvo el honor de llevar en su interior a nuestro Doctrinos. La más fácil de las excusas y la más creíble de las razones me impiden dedicar el tiempo que me gustaría a internet: los dichosos motivos laborales. Como nadie me preguntó nunca por que abría todas las noches estas ventanas y dejaba abiertas las puertas, ahora nadie se debe interesar por lo contrario. Tampoco creo que nadie llore ni descorche ninguna botella de champán. Y si he causado un efecto tal para poder llegar a esos extremos, no creo que haya sido digno ni de una cosa ni de otra.

Solo sé que nos queda un año por delante de la junta directiva de la que formo parte. Ya se están viendo los frutos de un trabajo diario y ya está bien marcado el rumbo. El camino es precioso. Unos arriman sus pasos junto a los nuestros, otros los inician e incluso los hay que vienen de vuelta, pero con absolutamente todos seguiremos cumpliendo la primera premisa que nos marcamos antaño: la sonrisa en la cara e intentar cumplir nuestro pacto de alegría, conscientes de que cada uno aportará su granito de arena y será siempre bienvenido, sin reproches. Pero hemos dejado un poco abandonada otra premisa: nuestras propias sonrisas. Será que nos estamos haciendo mayores. Si, mayores para ver desde otro punto de vista lo que siempre hemos tenido idealizado y nunca hemos visto posible alcanzar. ¿Esconder la cabeza como avestruces, huir como cobardes o aceptar la derrota? Ni hablar, nunca jugué a nada y como tal no concebí la victoria como fin, así que muchos menos la derrota.

Solo espero que la vida sea más o menos justa (no sé si aquí es sinónimo de correcta, espero que no) y todo salga bien, aunque tengamos que vivir siete vidas y nacer otras tantas para cumplirlo. Que nadie sienta que abandono la nave, simplemente pretendo justificar mis futuras ciber-ausencias y hacerme dueño de mis silencios. Además si queréis algo de mi, sabéis de sobra donde encontrarme.

Venga, vámonos.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Nacidos para el Cielo

La Iglesia de los peregrinos desde los primeros tiempos del cristianismo tuvo perfecto conocimiento de esta comunión de todo el Cuerpo Místico de Jesucristo, y así conservó con gran piedad el recuerdo de los difuntos, y ofreció sufragios por ellos, "porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados" (del muy recomendable capítulo VII, el de la Escatología, en la también imprescindible Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia - Concilio Vaticano II).


Porque no somos sólo los que estamos. Somos los que estamos y los que estuvieron. Y los que vengan, serán. Todos uno sólo, el Cuerpo, único y partido, eterno pan de vida eterna. Pan del Cielo para el que nacimos. Porque al morir nacemos. Aquí llevamos el Sepulcro vacío de los de allí sobre el hombro de los recuerdos; allí respiran el mismo aire del Resucitado, exhalando entre los de aquí su aliento de promesas cumplidas.

Somos tantos que tenemos que juntarnos para rezar los unos por los otros. No hay nada más sencillo y más hermoso. Mirar a lo alto y descubrir que son santos todos los entierros, que se puede cubrir una carroza de cruces y cada vez pesar menos, que los crespones y las banderas de luto no son protocolo sino presencia real, que los pétalos del Cristo y de la Virgen no son sobre las lápidas lágrimas sino esperanzas. Mirar a lo alto, y bajar la mirada después, para comprobar que la vida es más larga que la sombra del ciprés.

Este sábado podemos hacerlo juntos. Nos vemos a las 16:30 horas en la Vera Cruz, y desde allí caminaremos hasta el Cementerio, donde miraremos juntos a lo alto de nuestros corazones. Un abrazo de los tres.

Tomás

viernes, 26 de octubre de 2007

Cuando llega noviembre

Ahora que llega noviembre con la memoria de los que no están a la vuelta de la esquina y el soplo de otoño desnudando los árboles, es tiempo de bajar al camposanto al Jesús de Luz y Vida.


Nuestro Jesús zamorano, siempre en pie, siempre caminando, siempre bendiciendo con las manos abiertas al mundo. A los vivos y a los muertos. A los que creyeron y nos dejaron en prenda a través de los siglos la conmemoración del misterio de la Pasión y la alegría de la Resurrección cuando llega la primavera. Zamoranos y no zamoranos, cofrades y no cofrades, penitentes en las aceras, devoradores de lunas y madrugadas, cirineos todos abrazados a la misma Cruz.


Lo llevaremos mañana desde la Catedral a la pequeña capilla del cementerio. Sin ceremonias ni boatos, sin procesiones ni comitivas solemnes, sin anunciarlo, llevándolo a pulso, casi acunándolo como quien lleva un tesoro para depositarlo en su peana de San Atilano en estos días de crisantemos, cirios y buñuelos. Tras los mismos muros donde rezamos en la noche del Sábado de Pasión cuando pasamos el Duero y lo llevamos sobre nuestros hombros para que sea consuelo de todos los que duermen.


Yo os animo a que recorráis la corta distancia que nos separa y vengáis a rezarle hasta nuestro cementerio. Porque allí cobra su significado primero el recuerdo a quienes nos legaron la Semana de Pasión; porque allí es caricia y bendición, al pie de los cipreses y las sepulturas, erguido como una bandera de la esperanza en ese terruño empapado de lágrimas y ausencias, en ese jardín de dolor y silencios donde florece la memoria de los que nos faltan. Mirando también a la Salamanca santa que reposa al abrigo de la tierra, si todos somos tierra vuelta a la tierra, si a todos nos enseñaron de una u otra forma a caminar con El.


Y aunque no sea Sábado de Pasión, mañana volveremos a sentir la misma emoción cuando lo tengamos en brazos bebiendo su mirada serena, cuando acariciamos sus dedos de madera tibios como la carne, cuando besemos su pie desnudo antes de dejarlo junto a los que queremos, que empiezan a ser muchos a medida que pasan los años.


A mí me gusta verlo allí; me gusta saberlo cerca de los míos, me mueve y me emociona cuando lo tenemos en San Atilano. Porque es la sonrisa que encontramos en la tristeza que pregona noviembre. Porque nos redacta fuera del tiempo de la Pasión nuevos escritos, nuevas procesiones en la sangre y en la piel.


Porque llena de luz y de vida los rincones oscuros donde intenta posarse la muerte.

Ana.

lunes, 8 de octubre de 2007

Rosario

El calendario y su santoral marcaban ayer la festividad de Nuestra Señora del Rosario. Para muchos situar esta fecha en el calendario cofrade en los últimos años en Salamanca es fruto del ímpetu de un grupo de personas que en los últimos tiempos ha trabajado en torno a esta devoción.

Vaya por delante que siempre me parecieron interesantes todo tipo de propuestas que por un motivo u otro hagan que la gente se aproxime a los templos y más concretamente a actividades de este tipo asociadas a las cofradías fuera de los días de Semana Santa. Y si esta actividad tiene como fin el culto a la Virgen y es atractivo para la gente más joven de ciertas cofradías, mejor imposible. Igualmente he de decir que cada persona es libre de tener sus propias devociones e inquietudes, y en mi caso no tenía marcada esta fecha como especial.

Recuerdo vagamente cómo hace años había quien me animaba a bajar a San Esteban para compartir este día, con su correspondiente misa y procesión claustral. Para los poco introducidos en la materia asociábamos San Esteban + procesión = Dominicana, y así siempre lo tuve pensado. Nunca bajé a comprobarlo. No me pareció correcto participar en un acto que consideraba íntimo para echar una mano bajo unas andas de plata como me solicitaban si no tenía un especial sentimiento hacia lo que llevaría encima. Y digo íntimo porque en aquella época la participación era tan minoritaria que se pedía a gente como yo su colaboración.

Los años fueron pasando, y cada año intentaba apuntar la fecha en la agenda, pero siempre veía en los periódicos del día siguiente que otra vez se me volvía a olvidar. Sólo en una ocasión tuve la oportunidad de ver salir la procesión y la verdad es que no recuerdo el estilo procesional del paso. Lo único que sentí fue envidia sana al ver un acto de una cofradía en pleno mes de octubre. Así, hasta que el año pasado gracias al foro de Semana Santa de una web que muchos frecuentamos me animé a acercarme a ver la procesión. Este año sólo un día he podido visitar San Esteban durante la celebración de la novena y mientras escribo estas líneas desconozco si el resultado final ha sido satisfactorio para organizadores y devotos. Espero que a pesar de no salir finalmente la procesión pero coincidir en domingo haya sido satisfactorio. Dejando aparte el revuelto que organizamos por el debate de diferentes estilos de procesionar, pienso que toca la hora de buscar alternativas, obtener soluciones y poner todas las cartas encima de la mesa.

De antemano, si estos debates han servido para que muchos fijen la fecha en el calendario y sobre todo ha sido el detonante para abrir nuestras mentes y conocernos cara a cara, apuntaremos el mérito y agradecimiento a Nuestra Señora del Rosario.

En primer lugar sería deseable que quedase claro para el público general quiénes son los organizadores de dichos actos, pues no parece saberse bien dónde empieza la cofradía del Rosario, hasta dónde llega la implicación de la Dominicana o si realmente son los Padres Dominicos los responsables. Si existe la cofradía del Rosario como tal y no sólo de palabra e historia, o cuenta con estatutos y miembros activos, deberían ser ellos los que pudieran decidir sobre el desfile. Aquí está mi mensaje central: que sea la cofradía quien decida su camino y a los demás nos podrá gustar en mayor o menor medida, pero no seremos quién para juzgarla. Así no existiría en la calle la sensación de ser un banco de pruebas de los sectores más andaluces de la Dominicana ni que sirva esta procesión para calmar las ansias procesionales a toda costa de algunos, sin saber el valor de lo que se lleva encima.

Por otra parte sí que parece necesario no empezar la casa por el tejado. Canalicemos todo ese esfuerzo que han estado desarrollando un grupo de gente y que parece que principalmente son jóvenes para publicitar correctamente los actos que se hagan en torno a este día, hacer partícipe a cuanta más gente mejor a esta devoción y a partir de aquí, adornar la procesión como más le guste a los implicados.

Por último y nunca está de más decirlo, espero que nadie se sienta ofendido por mis palabras en un tema que hacemos polémico sin merecerlo. Sólo espero que ayer fuese día de fiesta para muchos, porque además los lectores que participamos en blogs y foros de Semana Santa han dejado clara su devoción y hoy no han tenido nada que demostrar a nadie. Los que hoy se hayan sentido decepcionados por no tener su desfile esperado, tal vez puedan ver en esto un aliciente para seguir adelante en su trabajo, y si alguien a pesar de todo ha estado ausente de persona y pensamiento, tal vez debería replantearse si merece la pena su presencia en un acto que puede que ni sepa, ni quiera ver la verdadera importancia del mismo o lo que es peor, ni se lo sepan o quieran hacer ver.


Un saludo,

Roberto

miércoles, 3 de octubre de 2007

Francisco

Siempre imaginé a Francisco paseando por su Campo y aprobando el barullo cofradiero, medio desnudo con su sayal pardo y su cuerda pobre, bebiendo la sabiduría en la fuente de la Cruz, más torrencial que cualquier otra. Lo imaginaré así, lo pienso de esta manera, porque tengo para mí que Francisco nos dio la clave y nos da la vez. Aparcó cruzadas de caballero andante y cristiandad para anunciar la Paz de Cristo a la humanidad toda. Eligió ser juglar divino por plazas y caminos antes que trovador de palacios y príncipes, y anunció en lengua romance y en horas de leprosería la Palabra de Dios hecha vida a los hombres y mujeres de su tiempo y de la Historia. Tomó la humildad por bandera porque supo ver a Jesús en el pobre, y se identificó con él, y ya no entendió otra forma de seguirle que imitarle. Descubrió que a Dios no se asciende, que se le distingue descendiendo y abajándose hasta el extremo de abrazar su humanidad crucificada.

Todo un reto el seguimiento de Jesús que escogió Francisco, el poverello de Asís, quien se sintió plenamente hijo del Padre y a todas sus criaturas amó como hermanas. En el ideal de fraternidad de Francisco se miran las cofradías, entre la utopía y la tarea, pues aunque sea imperfecta la fraternidad que construyamos los hombres, perfecto es asumir su construcción cada día. Con esto es suficiente. Lo demás lo pone la Providencia. Y para hacer hermandad, primero es necesario sabernos hermanos, uno con uno, uno con otro, en el ir de dos en dos, antes de que nos perdamos en el anonimato de las masas. No importa cuántos seamos. Importa que todos podamos ser, que nadie se sienta excluido. Es el todos por igual de los hermanos menores, que hermano mayor ya es el Señor y se hizo último y pequeño. Es prescindir de fama y presunción, ejercer la autoridad con sencillez, hacer apostolado con palabras y obras, que todos podemos... y obedecer, como diría Francisco: "Nunca contra la voluntad de los obispos, ni siquiera contra la de los oscuros párrocos de aldea, por ignorantes que fuesen". Porque en el gobierno de la Iglesia hace su voluntad el Espíritu Santo y en quién si no vamos a confiar...

Seguiré pensando que Francisco, cuando pasea por su Campo de verde y piedra, aguarda con alegría, siempre alegre, la llegada de los cofrades con sus Cristos pobres y ciertos sobre los hombros. Se asomará a la tapia de Berrueta para invitarnos a volver a los orígenes, a la hoja de ruta del Evangelio que a él le hizo feliz. Nos hablará del culto en espíritu y en verdad, de la caridad más allá de la retórica, de la esperanza en el hombre porque es criatura a imagen de Dios. Nos hablará, pero sobre todo nos escuchará, y se pondrá de nuestro lado, porque somos de la casa y siempre tuvimos inquietudes. Dirá que le vamos a dar muchas alegrías. Yo no lo dudo.

Feliz 4 de octubre, fiesta de San Francisco de Asís, decano de los hermanos cofrades, que tiene un Campo donde bajar a Cristo de la Cruz equivale a bajarnos todos hasta descubrirle, donde la belleza irrumpe con particular esplendor en los días de la Pascua. Paz y Bien.

Tomás