sábado, 5 de enero de 2008

Por si lo encuentran...

(Carta a Melchor, Gaspar y Baltasar)

Majestades:

Ya están las salvas reales anunciando su presencia en las calles. Hemos dejado buenos deseos para todos en nuestros respectivos blogs. Nos hemos besado, nos hemos felicitado e incluso nos hemos ofrecido a compartir el carbón que dejen en casa del que peor se haya portado.

Este blog nació a tres partes iguales y a tres partes iguales hicimos la primera entrada, una declaración de intenciones que sigue en pie. Después vinieron muchas más y daba igual quién las firmase, porque siempre éramos tres. Seguimos siendo tres, porque en cada firma va escrito su nombre. Pero haciendo recuento, nos falta uno. No sabemos si se perdió en sí mismo o si lo perdimos en alguna parte del camino que no recordamos.

Rogaríamos que, si lo encuentran, lo depositen lo suficientemente cerca como para que vuelva a este espacio donde todos somos iguales, para que siga escribiendo tras ese punto y seguido que dejó en el aire.

Confiamos en su magia como cuando éramos niños.

Afectuosamente.


Dos que suman tres.

martes, 25 de diciembre de 2007

Hoy también nos ha nacido

Sí, nos ha nacido. Como siempre. Como esperábamos. El Amigo que nunca falla, como reza mi llavero de abrir puertas azules.

Y por esto Ana lo tiene bien guardadito en su habitación, mimándole en las primeras horas de luz, acurrucándole en los sueños que la fábrica quiere poner a sus pies desnudos esta noche. Porque le hemos hecho cuna a nuestra manera, como Dios nos da a entender. Al final de un sendero de adoquines de colores, más allá de un río donde se dibujan catedrales buscadas y encontradas, allí donde el Amor (simplemente, como sea) no da lugar a la duda. Allí. Sólo Amor, caminante. Allí es. Anótalo en tu cuaderno de bitácora. En el portal, en la palma de la mano de Ana, donde duerme, donde nos anuda con palabras que aún no pronuncia, donde nos mira con ojos cerrados en su primera madrugada (cada madrugada, una oración), donde se aferra al pecho de María como el reflexivo papón a su banzo y su gente.

Allí, esta noche. Cuando hay más respuestas a las preguntas y más belleza en las flores, cuando se mecen las brisas por los caminos, cuando "el cielo y la tierra se han unido en Dios que ha nacido en un portal" y ya somos un todo Salamora, Cái y Belén de Judá, cuando el que nos falta de los tres ya siento que nos renace para el "Todos por igual", o eso por lo menos le acabo de pedir al Niño Jesús, que sueña para que sigamos soñándole y haciendo de cada noche una Nochebuena en la que poder nacer y soñar a gusto.

Tomás

viernes, 21 de diciembre de 2007

Siempre nos nace

Me gustaba, cuando era niña, quitarlo del Misterio que está puesto en mi casa de forma permanente y custodiarlo en mi habitación el día de Nochebuena. Después, a las doce de la noche, mientras toda la familia brindaba, yo salía despacito y bajaba a colocarlo en su cunita, como si en verdad acabase de llegar al mundo.

Ya está en camino. Ya nos llega el Dios Niño, que aguarda en el vientre de su Madre la medianoche del lunes para llenar de luz cada hogar donde le preparemos cuna. Para sonreirnos hasta el último día. Para abrazarnos incluso desde la Cruz.


Vendrá en medio de la noche a iluminar este invierno que parece que no termina. A calentarnos el alma en estas noches tan tristes, tan sin estrellas. A taparnos con la sábana de su ternura cuando el dolor nos preste el colchón. A arroparnos en mitad de los sueños cuando la soledad nos vaya cicatrizando la piel donde no caben más causas perdidas.


Y esta Nochebuena lo llevaré de nuevo a mi habitación sin que nadie se entere, sin que nadie lo eche en falta en el Misterio. Y cuando regrese de la reunión familiar, ya de madrugada, bajaré a ponerlo en su pesebrito como si acabase de nacer. Como si quedase algo en mí de aquella niña que año tras año se lo devolvía a su Madre mientras las campanas de San Ildefonso convocaban a la Misa del Gallo y el teléfono se colapsaba con las llamadas de los amigos.


Y cuando lo vea tan pequeñito durmiendo en la palma de mi mano, sabré que sí tengo algo que celebrar. Porque siempre nos nace. Y nos sonríe.


(Una, con sus dos iguales)

martes, 18 de diciembre de 2007

Vita, dulcedo, et spes nostra Salve!

La Esperanza es la hermana pequeña, la que vive en uno sin exigir razones a la Fe, sin demandar obras al Amor. Es el ancla de los adentros, de los océanos más procelosos que son las batallas interiores: las dudas, los miedos, los vértigos. La Esperanza es la Virgen del Fiat: "Hágase en mí según tu palabra". Santa María del Adviento, de la corona de luces tímidas y pobres, que aún no se atreven a hacer fiesta. Santa María de la Expectación, de la Vida en el seno materno, de la Vida sedienta de Luz que no puede quedar ciega. Santa María de la O, de la Dulzura en los himnos de gratitud que entona el corazón asombrado ante el Misterio. Santa María: Vida, Dulzura y Esperanza nuestra.

Tomás, con otros dos que esperan


Foto: Virgen de la Esperanza de Peñaranda de Bracamonte, obra de Francisco González Macías (anteriormente fue procesionada en Salamanca por la Hermandad Dominicana).

jueves, 29 de noviembre de 2007

La Virgen sueña caminos

La Virgen sueña caminos, está a la espera. La Virgen sabe que el Niño está muy cerca. Hoy comienzan en pueblos y ciudades, en casas y corazones, los novenarios a la Virgen Inmaculada, la mujer vestida de sol, con la luna por pedestal y coronada de doce estrellas, que es la mujer fuerte del Evangelio y de la Historia. De Nazaret a Belén hay una senda, por ella van los que creen en las promesas. Aunque hasta el domingo no comencemos el tiempo de Adviento, ya parece que María se pone en camino por esa senda de invierno e incertidumbres que a todos nos toca recorrer, con puntos y seguidos, con ánimos encrespados, con uniones ficticias y discrepancias molestas. En estos días del año el pueblo espera que venga pronto el Mesías a nuestra tierra. ¡Pronto, pronto! Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que se enfríe la estancia, que está quemándose mi último leño en el hogar, y se oscurezca sin remedio. En la ciudad de Belén llama a las puertas, pregunta en las posadas y no hay respuesta. Hay silencio administrativo, hay corazones de piedra, y entonces la Virgen sueña faroles que le alumbren sus desvelos, sueña cofradías y procesiones, y hasta exposiciones que la hagan flotar sobre los andamios o asfixiarse en un ascensor. La tarde ya lo sospecha, está alerta, el Sol le dice a la Luna que no se duerma. Porque la noche es la noche, es el campo de los sueños y el cielo abierto de los caminos, de los azules oscuros, de los blancos más blancos. A la ciudad de Belén vendrá una estrella, vendrá con todo el que quiera cruzar fronteras. Sin miedos, sin rutinas, sin deslumbramientos innecesarios ni cultos superfluos. Siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza. Se hizo pesebre y heno, para que a sus pies pusieran oro, incienso y mirra. Para que los tronos no se confundan. Los que soñáis y esperáis la Buena Nueva, abrid las puertas al Niño que está muy cerca. Nos lo trae la Inmaculada, la de los avemarías de diciembre, la de las salves populares, la del día de la Madre cuando no importaba si coincidía demasiado cerca de Navidad: claro, ¿cuándo mejor sino ahora para que, vestida de Sol, nos creamos que llega el Sol mismo? Nos lo trae la Virgen de los votos, de los dogmas que el pueblo entiende mejor porque la Madre es la Madre, de las túnicas blancas y las capas azules como su manto estrellado de sueños. El Señor cerca está, Él viene con la paz. El Señor cerca está, Él trae la verdad.
Tomás

domingo, 18 de noviembre de 2007

Punto y seguido

Este fin de semana quería escribir algo para el blog. Material tenía más que de sobra. Tengo a punto de rematar una entrada preciosa sobre la procesión del Lunes Santo con muy buena pinta. También tengo otra que hablaba sobre la capilla de la Vera Cruz como de nuestra casa, y otra más sobre las medallas que nos llenan de felicidad, y no hablo precisamente de la concedida hará casi un año. Si quisiera, podría aprovechar la actualidad y tirar de temas recurrentes: ultimos actos azules, junta de cofradías, presentación del cartel, nueva borriquilla, y si me apuro del Santo Entierro o hasta del Museo. Para otro día tenía previsto algo sobre el V Centenario (hace justo un año que estuvimos en La Alberca, ¿te acuerdas, Tomás?). También tengo una entrada que me escribió Jesús, el presi, con su particular visión “De pequeño…” pero nunca encuentro el momento exacto de colgarlo. Incluso pretendía continuar la serie narrando mis vivencias no ya de pequeño, si no de cuando entré a formar parte de la cofradía y mis primeras procesiones. Pero no ha tocado nada de eso. Seguiré siendo fiel a mis causas perdidas y volveré a dejar las cosas a medias…

Estaba haciendo la última corrección a una entrada que titulaba “Querida Lolita” y en la que a modo de epístola le contaba a nuestra Virgen como nos iban las cosas, como hemos cambiado en este tiempo y como nos vamos haciendo mayores. Y he descubierto que ya no tengo nada más que decir. Simplemente puedo cambiar las palabras o incluso alargar los silencios, pero lo que soy y lo que pienso ha quedado claro y no quiero repetirme más, por lo que aprovechando una frase de la actualidad, ha llegado el momento de poner un “cese temporal” a mis comentarios internautas. De repente me ha dado por envidiar a los cofrades de cuaresma que tanto criticamos y de los cuales anhelamos su participación todo el año, que cosas. No sé si esta nueva tarea será más fácil de alcanzar o si realmente estaré capacitado para conseguirla.

Ahora mismo lo más cercano que están mis pensamientos de los ordenadores y cofradías es adornando la entrada de algún templo de cualquier ciudad que quede a tiro de un camión blanco que un día tuvo el honor de llevar en su interior a nuestro Doctrinos. La más fácil de las excusas y la más creíble de las razones me impiden dedicar el tiempo que me gustaría a internet: los dichosos motivos laborales. Como nadie me preguntó nunca por que abría todas las noches estas ventanas y dejaba abiertas las puertas, ahora nadie se debe interesar por lo contrario. Tampoco creo que nadie llore ni descorche ninguna botella de champán. Y si he causado un efecto tal para poder llegar a esos extremos, no creo que haya sido digno ni de una cosa ni de otra.

Solo sé que nos queda un año por delante de la junta directiva de la que formo parte. Ya se están viendo los frutos de un trabajo diario y ya está bien marcado el rumbo. El camino es precioso. Unos arriman sus pasos junto a los nuestros, otros los inician e incluso los hay que vienen de vuelta, pero con absolutamente todos seguiremos cumpliendo la primera premisa que nos marcamos antaño: la sonrisa en la cara e intentar cumplir nuestro pacto de alegría, conscientes de que cada uno aportará su granito de arena y será siempre bienvenido, sin reproches. Pero hemos dejado un poco abandonada otra premisa: nuestras propias sonrisas. Será que nos estamos haciendo mayores. Si, mayores para ver desde otro punto de vista lo que siempre hemos tenido idealizado y nunca hemos visto posible alcanzar. ¿Esconder la cabeza como avestruces, huir como cobardes o aceptar la derrota? Ni hablar, nunca jugué a nada y como tal no concebí la victoria como fin, así que muchos menos la derrota.

Solo espero que la vida sea más o menos justa (no sé si aquí es sinónimo de correcta, espero que no) y todo salga bien, aunque tengamos que vivir siete vidas y nacer otras tantas para cumplirlo. Que nadie sienta que abandono la nave, simplemente pretendo justificar mis futuras ciber-ausencias y hacerme dueño de mis silencios. Además si queréis algo de mi, sabéis de sobra donde encontrarme.

Venga, vámonos.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Nacidos para el Cielo

La Iglesia de los peregrinos desde los primeros tiempos del cristianismo tuvo perfecto conocimiento de esta comunión de todo el Cuerpo Místico de Jesucristo, y así conservó con gran piedad el recuerdo de los difuntos, y ofreció sufragios por ellos, "porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados" (del muy recomendable capítulo VII, el de la Escatología, en la también imprescindible Constitución Dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia - Concilio Vaticano II).


Porque no somos sólo los que estamos. Somos los que estamos y los que estuvieron. Y los que vengan, serán. Todos uno sólo, el Cuerpo, único y partido, eterno pan de vida eterna. Pan del Cielo para el que nacimos. Porque al morir nacemos. Aquí llevamos el Sepulcro vacío de los de allí sobre el hombro de los recuerdos; allí respiran el mismo aire del Resucitado, exhalando entre los de aquí su aliento de promesas cumplidas.

Somos tantos que tenemos que juntarnos para rezar los unos por los otros. No hay nada más sencillo y más hermoso. Mirar a lo alto y descubrir que son santos todos los entierros, que se puede cubrir una carroza de cruces y cada vez pesar menos, que los crespones y las banderas de luto no son protocolo sino presencia real, que los pétalos del Cristo y de la Virgen no son sobre las lápidas lágrimas sino esperanzas. Mirar a lo alto, y bajar la mirada después, para comprobar que la vida es más larga que la sombra del ciprés.

Este sábado podemos hacerlo juntos. Nos vemos a las 16:30 horas en la Vera Cruz, y desde allí caminaremos hasta el Cementerio, donde miraremos juntos a lo alto de nuestros corazones. Un abrazo de los tres.

Tomás